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Cuando
Fausto, en la obra de Goethe, firma su pacto con el diablo, le dedica
estas palabras: “Si un día le digo al fugaz momento: ‘¡Detente, eres tan
bello!’, puedes entonces cargarme de cadenas; entonces consentiré
gustoso en morir.” El protagonista, obsesionado con la búsqueda de un
conocimiento más elevado, expresa así su visión de la plenitud como un
instante perfecto, un momento tan hermoso que desee arrancarlo de la
tiranía del tiempo y conservarlo, inmaculado, para siempre.
La belleza del instante es algo que nos resulta cada vez más difícil
reconocer, y al mismo tiempo algo que anhelamos con una creciente
intensidad. En una sociedad llevada por el culto a la velocidad, que
ensalza la rapidez en los desplazamientos, en la formación y la
información, en la obtención de bienes materiales, en el llamado éxito y
en la propia vida, el instante se diluye en el borroso flujo de los
acontecimientos. Cada momento se consume con impaciencia porque no hace
sino retrasar el siguiente, y todo se experimenta a ritmo de incesante
fuga. En medio del vértigo de nuestra propia aceleración, añoramos la
plenitud del instante y tratamos de retenerlo de la única forma que
conocemos: como una imagen.
La imagen se convierte así en aquello que da valor a la experiencia, más
real que la vida misma, lo único estable y asible de nuestra constante
impermanencia. La fotografía pasa entonces de ser una profesión o un
arte a ser una función vital más, el continuo y fútil registro de
nuestra existencia, y a medida que los millones de imágenes que
registran las cámaras obstinadamente incrustadas en nuestros enseres
cotidianos se van amontonando en tarjetas de memoria, cintas de vídeo y
discos duros, es posible que un día podamos reconstruir la propia vida a
base de una sucesión de instantáneas, a veinticinco frames por segundo.
Como Fausto, tal vez, yo me embarco en una búsqueda tenaz del instante
perfecto y me aposto con mi cámara en la calle, proveedora de mil
experiencias ficticias.
Soy fotógrafo, desde el año 2002 tengo un fotoglog,
Enfoque.
Quiero experimentar el videoblogging para descubrir mi capacidad de
conocimiento y de comunicación, o simplemente como experiencia visual.
Publico éste videoblog personal, como autor, y de forma completamente
independiente y experimental. Pretendo participar en proyectos
comunitarios del videoblogging, entre otros el cinematográfico
Lumiere,
que consiste en publicar vídeos sin editar, ni audio y con cámara fija,
en menos de 60". También en el
Festival CienOjos.tv,
una iniciativa de la lista
Vlog Español.
Sólo me queda que daros la bienvenida y desearos que lo que veáis aquí
no os deje indiferentes.
Ricardo Caballero
Barcelona - España
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