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El
carnaval es una de las fiestas más curiosas que tienen
los países de tradición cristiana. Ya sea para despedir
el invierno, o para prepararse para la Cuaresma, la
festividad de los carnavales se resiste a morir.
Casi todos los historiadores remontan su origen a
fiestas paganas, celebradas en Roma en honor al dios
Baco, aunque incluso hay algunos que van más allá y lo
remontan a Egipto. En cualquier caso, para los romanos
constituía el final del invierno y la llegada de la
primavera y, con ello, se pretendía, además, despedir
las desgracias y penas con una fiesta frenética.
Qué pasó con la llegada del cristianismo y su expansión
por toda Europa, pues que se aprovecharon esas
celebraciones y se instauraron en el calendario
cristiano como una de las fiestas más importantes que se
iniciaban con el día de los Santos Inocentes, la
Epifanía, la Calendaria, Martes de Carnaval y Miércoles
de Ceniza.
Ahora el Carnaval festejaba la suspensión de la carne
(del latín carnis levanem) y el Miércoles de Ceniza
indicaba el comienzo de la Cuaresma: cuarenta días de
recogimiento y semi-ayuno antes de Semana Santa.
Así pues, el Carnaval siempre ha sido una festividad en
la que se festejaban los instintos, lo fantástico por
encima de lo real, lo terrenal por encima de lo
espiritual... excesos, fiestas, comilonas y mucha
diversión desmedida. Comenzó a convertirse en una
festividad muy arraigada en el pueblo, en las clases más
castigadas que se olvidaban por unos días de las
penurias y de la escasez de todos los días, alterando el
orden establecido, utilizando los disfraces para no ser
reconocidos. Durante estos días todo se confunde el bien
puede ser el mal, el hombre mujer, lo profano sagrado...
Las máscaras, procedentes de la antigua tradición del
teatro griego se utilizaron para esconder la identidad
lo que permitía que, durante esos días se llevaran a
cabo numerosas venganzas y conspiraciones, aunque
también romances.
En el siglo SVIII, el siglo de las luces, de los salones
de los ilustrados, de establecimiento de la vida urbana,
el carnaval se transformó en elegantes bailes de
disfraces organizados en suntuosos salones, con desfiles
de cabalgatas espectaculares El Carnaval, se hace
habitual entre las clases altas y el sentido que tenía
en un principio se va perdiendo poco a poco y lo que va
quedando es el aspecto externo de esta fiesta popular.
Afortunadamente en España, aunque la Cuaresma haya
perdido todo el peso de la tradición y sea algo más
simbólico que otra cosa, el Carnaval sigue guardando esa
rebeldía de los carnavales populares de antaño. Todavía
se busca la provocación y la crítica, como las charangas
y chirigotas o disfraces que satirizan y critican algún
aspecto de la actualidad. Por otro lado, nos queda el
Entierro de la Sardina donde, en una sardina gigante,
quemamos todos los males del mundo con la esperanza de
que el convertirse en cenizas ocurra de verdad.
CARNAVALES EN TODO EL MUNDO
América Latina
Sudamérica es una de las regiones donde más ha quedado
arraigada esta fiesta que llegó al continente americano
de mano de los colonizadores españoles y portugueses.
Los más importantes son el Carnaval de Río, el de Oruro
en Bolivia, el de Corrientes en Argentina y el de
República Dominicana. Básicamente, tienen
características comunes a todas las fiestas
carnavalescas, como son, máscaras, comparsas y bailes.
Si bien cada país fue incorporando elementos propios y
también costumbres e iconos aborígenes.
España
Pensar en España es pensar en Cádiz y Santa Cruz de
Tenerife, aunque los carnavales se extienden por toda la
geografía. El primero data de finales del siglo XVI y
venía durando hasta dos meses, festejando a Don Carnal,
y ha sido muy perseguido por su excesiva carga crítica.
Fue prohibido en 1947 pero hoy en día es uno de los más
celebrados y carismáticos.
El de Santa Cruz de Tenerife tampoco se queda atrás.
Aunque apenas se tiene constancia de él hasta el siglo
XVIII, lo más probable es que su tradición se remonte a
los primeros años de la colonización. La máscara era uno
de sus elementos más utilizado aunque cada vez está
cayendo más en desuso. A partir de los años veinte es
cuando el lujo en el disfraz comienza a notarse en las
calles.
Venecia
Es uno de los más antiguos. Su tradición más arraigada
era el uso de la máscara, que, incluso tuvo reglamentos
sobre sus usos y costumbres. Siempre se ha vivido con
mucha intensidad, los palacios abrían sus puertas y
había música por toda la ciudad. Los enmascarados
ocupaban la ciudad y las identidades desaparecían. El
saludo tradicional era: "Buenos días señora máscara".
En fin, después de lo que te hemos contado, ¿has elegido
tu disfraz?. Aprovecha esos días, libera tus instintos,
finge ser quien no eres y diviértete.
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