| La aceptación y el
optimismo Cada día, al
comenzar mi actividad me propongo ser tan fuerte que nada pueda
turbar mi paz mental, hablar solo de felicidad y prosperidad, hacer
que todos mis amigos sientan que hay algo de valor dentro de ellos,
mirar el lado bueno de todas las cosas, olvidar los errores y penas
del pasado y aferrarme a los grandes logros que alcanzare en el
futuro, sonreírle a cada persona que halle a mi paso, sentirme
demasiado fuerte para preocuparme, demasiado relajado para
encolerizarme, demasiado seguro para temer y demasiado contento para
pensar en dificultades.
No siempre lo consigo, he pasado unos días malos. Tocar fondo es muy
fácil. Es como hundir el pie en arenas movedizas. La tierra se
arremolina en torno a ti dispuesta a tragarte, y has de hacer un
gran esfuerzo para poder salir.
La contemplación es muy eficaz para mi en la obtención de dichosos
momentos de paz que me alejan de las preocupaciones e inquietudes de
la vida cotidiana. Con total independencia de las creencias
religiosas, visitar un lugar como Montserrat es un antídoto poderoso
para las inquietudes incesantes y las preocupaciones terrenales de
la mente.
La contemplación no tiene que ser necesariamente de carácter
devocional, por ejemplo un grabado, una estatua o cualquier objeto
religioso. Contemplar es simplemente dejar que nuestros ojos
descansen fijamente sobre algún objeto escogido y sentirlo, o, como
dicen los budistas, llegar a serlo.
Bueno, sin más discursos, lo importante, es que he recuperado mi
optimismo. Gracias a todos por vuestras palabras de animo.
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