|
Paseos
diarios,
o casi...
He pasado por un cáncer en el sistema linfático que me ha
dejado muchas secuelas físicas motivadas por los
tratamientos (quimio y radioterapia) a los que fui sometido: Fibrosis pulmonar,
Bronquiectasias, insuficiencia en dos válvulas del corazón,
el hígado gravemente enfermo, me han
implantado un marcapasos en el corazón,
el edema linfático que tenia en el brazo derecho como
secuela de la radioterapia ha empeorado,
el marcapasos obstruye más la circulación linfática y venosa.
Lo último hasta ahora es un
Hepatocarcinoma
(Cáncer de Hígado) en ello estoy
ahora. Los hospitales son mi segunda casa.
Cuando me diagnosticaron cáncer la
primera vez, en 1974, el mundo se quedó a oscuras,
irónicamente la muerte me sonrió... pero yo, enamorado de la
vida, no me deje seducir. Todavía no me ha atrapado... y lo ha
intentado muchas veces, y sé que me busca con insistencia.
Si nos encontramos en
algún lugar no hace falta que me preguntéis cómo estoy, sé que
a la mayoría de vosotros os da un apuro terrible hablar de
ello. No os preocupéis, no os voy a contar relatos escabrosos
sobre dolor y sufrimiento. Sólo necesito de vosotros que me
toquéis el brazo o me deis la mano o me abracéis y me digáis
que todo irá bien, que saldré de esta. Y aunque veáis mi
aspecto físico desmejorado no sufráis, mi mente esta cómo
siempre. Me siento una persona afortunada, he sobrevivido
muchos años a los intentos de la muerte por abrazarme y eso me
ha permitido disfrutar de las maravillas que la naturaleza a
creado para nuestro deleite y que yo he aprendido a saborear
con mucho placer.
No os voy a negar que me ha parecido una
gran putada que ahora mediados de 2011
se reproduzca el Cáncer de higado que
hace año y medio se frenó. Y más después de los tres o cuatro
últimos meses en que mi cuerpo ha sido un tremendo campo de
batalla para combatir los problemas de corazón y pulmones que
he tenido.
Pero os voy a contar un secreto que
tengo, en los peores momentos, mi pareja Paky y mi hijo Alex,
forman a mí alrededor un campo magnético que me aíslan y
permiten que me introduzca en mi habitación secreta. Está en
el centro de mi cerebro, está completamente aislada del dolor,
del miedo y de los sentimientos negativos. En ella me es fácil
trasladarme a lugares maravillosos, preciosos paisajes y
puestas de sol y amaneceres que te dejan sil aliento. Esa
habitación es el lugar que elijo para refugiarme en momentos
cómo el jueves 21 de julio, de 8 a 14 horas, me transformaré
en una ave con largas alas, que me permiten planear muchos
kilómetros, bordeo la costa, y el paisaje que veo en precioso,
dunas de dorada arena en las que rompe las olas que empuja un
bello mar azul, me acompaña el graznido de las gaviotas, me
encanta el aire que choca en las alas y si presto mucha
atención soy capaz de escuchar el chapoteo de los peces
saltando en el mar.
Porqué al fin y al
cabo quien elige nuestros pasos en el baile, quien nos vuelve
locos, nos da latigazos y nos corona con la victoria cuando
logramos lo imposible, quien envía monstruos para que nos
maten y al mismo tiempo nos susurra que jamás moriremos, quien
nos enseña que es real y como reírnos de las mentiras, quien
decide por que vivimos y que defenderemos con nuestra propia
vida, quien nos encadena, y quien tiene la llave que puede
hacernos libres. Somos nosotros, los que tenemos todas las
armas que necesitamos. Cada uno de nosotros tiene el poder
sobre los mundos que crea.
El clavo al que estoy
agarrado cada vez es más pequeño y arde más, lo sé, pero yo
sigo luchando. Trataré, con todo, de defraudar a la muerte una
vez más.

A pesar de
que no puedo caminar mucho rato sin
descansar, he encontrado dos lugares, en los que abundan los
bancos, y en los que me siento muy a gusto leyendo,
paseando, y pensando. El Parque municipal de la Muntanyeta de
Sant Boi, y las dunas de la playa de Gavà, entre Gavà Mar y
Castelldefels.
El
contacto con estos y otros lugares similares me sirve para
prometerme cada día a mi mismo:
Ser tan fuerte que nada pueda turbar mi paz mental, hablar
solo de salud, felicidad y prosperidad a toda persona que
conozca, hacer que todos mis amigos sientan que hay algo de
valor dentro de ellos, mirar el lado bueno de todas las cosas
y hacer que este optimismo se haga verdadero, olvidar los
errores y penas del pasado y aferrarme a los grandes logros
que alcanzaré en el futuro, brindarle a cada criatura viviente
que halle a mi paso una sonrisa, sentirme demasiado fuerte
para preocuparme, demasiado relajado para encolerizarme,
demasiado seguro para temer y demasiado contento para pensar
en dificultades.
No siempre lo consigo, hay
días que estoy convencido, sin lugar a dudas, que mi vida no
le importa a nadie. Tocar fondo es mucho más fácil de lo que
la gente cree. Es como hundir el pie en arenas movedizas. La
tierra se arremolina en torno a ti dispuesta a tragarte, y por
mucho que te revuelvas ante tu inminente muerte, no hay nada
que hacer. Es irónico darse cuenta de que es imposible luchar.
Me dura muy poco tiempo, porque
aunque a nivel físico no, a nivel emocional he mejorado. Antes
siempre estaba insatisfecho, siempre me quedaba algo por
alcanzar, siempre existía el aliciente de obtener una casa
mejor, un coche más caro, un ascenso, más sueldo, más, más,
más... Ahora sin embargo sólo tengo que preocuparme de vivir.
¿No te parece la mayor de las libertades?
Un fuerte abrazo
Ricardo Caballero,
"Richard"

|