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No se cual es exactamente el motivo por el cual pasear junto a la orilla del mar me reconforta, posiblemente, al ver lo inmensa y poderosa que es la naturaleza, comprendo lo pequeño del problema que me preocupa y al instante tengo la confianza absoluta que acabará diluyéndose en la nada. Dice mi maestro de Zen que nos pasamos la vida temiendo cosas que nunca llegan a suceder.
Jejeje, vaya discurso que os he echado hoy.

 Imagen enviada por Ricardo a las 07:15         

 



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