Ayer por la mañana tuve la suerte de presenciar una de las salidas de
sol más espectaculares que recuerdo, ocurrió en Castelldefels, al lado
de Port Ginesta. El sol todavía no ha salido por
encima del horizonte. El cielo está de color amarillo rojizo. Para
nosotros el cielo está envuelto en un vapor gris y blanco. Pero este
gris blanco no puede ser otra cosa que la luz reflejada del sol desde el
cielo azul hacia nosotros. Por eso la cámara registrará este momento
como azul.
Unos instantes después, tendremos la iluminación fotográfica mas hermosa
que existe. Los reflejos azules del cielo casi han desaparecido, y el
sol inclinado, ilumina la tierra con una luz cálida dorada. Incluso las
paredes blancas, tienen ahora una coloración amarillenta. La naturaleza
y el follaje, reciben ahora una tonalidad más cálida. Existe un
contraste perfecto entre el cielo azul y dichas tonalidades terrestres.
El color azul del cielo es algo tan habitual que ya no nos llama la
atención y, sin embargo, la variedad de tonalidades, que cambian de día
en día y de un punto a otro del cielo, es casi infinita. Este color azul
se debe a que las moléculas del aire dispersan las longitudes de onda
más cortas de la luz solar (que son las que se encuentran en el extremo
azul del espectro de los colores), más que las longitudes de onda más
largas (situadas en el extremo rojo). Cuanto más limpio está el aire,
más oscuro es el tono azul del cielo. Cuando el sol está bajo, la luz
atraviesa partículas de polvo atmosférico que dispersan más la longitud
de onda más larga, por lo que el cielo toma un color rojo, cosa que
ocurre al amanecer y al atardecer.